Nuestro Tucumán había conseguido en 2020 un comportamiento de la economía -en términos relativos- mejor que el del NOA y el del país. Sin embargo, en los primeros nueve meses del año que acaba de fenecer la actividad económica se estancó. Así, la recuperación fue apenas del 0,25% mientras que la del NOA llegó al 5,80%; y la del resto de la Argentina, al 7,18%.
Al analizar los ingresos, el Estado recibió buena plata en esos tres primeros trimestres, lo que le asegura que su participación se mantenga en un nivel equivalente al 45% del PBI. Si el Estado mantuviera su alto nivel de gastos, y al mismo tiempo los ingresos del sector privado siguieran su reducción, el Estado seguirá incrementando su participación en la economía provincial, tal cual lo viene haciendo en los últimos 20 años.
Los sectores agrícolas y agroindustriales de la provincia que producen bienes comercializables internacionalmente tuvieron, en términos reales, menos ingresos. Esto es por el efecto de las regulaciones del gobierno nacional en materia cambiaria, comercial y fiscal. Mientras el tipo de cambio creció un 20%, los precios lo hicieron un 45%.
Las exportaciones después de tres años de caídas, se recuperaron un 10%. Sin embargo, estas sonrisas no duran mucho si se las compara con el aumento del país (Tucumán llega a registrar un tercio de la media nacional) y está un 25% abajo del promedio exportador del último lustro.
Los ingresos per cápita de la provincia siguen cayendo. El año pasado será el cuarto consecutivo con reducciones de este tipo Y, si se lo compara con otras provincias argentinas, Tucumán se ubica entre las más pobres.
Podríamos seguir enumerando datos y simples conclusiones, pero para el lector se va a hacer absolutamente tedioso. Ya lo sabe. Con sólo transitar en la vida de la provincia, el lector tiene clara conciencia de que Tucumán se ha metido en el lote más triste del país. Con sólo cruzar las fronteras: los silenciosos caminos nos avisan cuándo salimos de nuestro terruño. Desgraciadamente, no por los carteles de adiós ni por las despedidas, sino por la diferencia que muestran nuestros vecinos hasta en la cartelería de recepción. Cada vez que los extranjeros pisaban nuestro suelo, o cada vez que algunos tucumanos volvían a sus tierras, nos enrostraban nuestros yerros. El rally que ya nos abandonó o algunos actores o actrices nos lo hicieron saber años atrás. Y todo sigue igual.
Tampoco es sorpresa para nadie que el sector público engorda ganando un nivel de obesidad que aflije. No hay político que hoy no vaya a escuchar un pedido o una sugerencia para poner alguien en algún empleo público. Y eso que es domingo... Mañana será peor. En el caso de aquellos que viven de la actividad agrícola, potenciadora de la riqueza, nadie puede poner cara de asustado cuando se revisan datos que les aseguran que no está mejor que antes y que la presión impositiva les hace dudar a la hora de pensar en cualquier inversión.
¿Alguno de los 49 legisladores podría quedar impactado y sentirse “pescado” en su ignorancia al enterarse de estos números? Menos aún los ministros, intendentes, ediles, delegados comunales y dirigentes en general, que si algo saben es cómo marcha -¿para atrás?- la Provincia. Otra cuestión es si se sienten responsables o si les duele o les preocupa.
Sólo, culpables
Los datos de los primeros párrafos de esta nota podrían ser obviados. Posiblemente, no todos los sepan; sin embargo, los sienten o padecen. Pertenecen al informe que en noviembre del año que no piensa volver nunca más, hizo la Federación Económica de Tucumán. La FET ha sido una entidad atenta y despierta a las preocupaciones de su sector y, curiosamente, siempre ha tratado de ser cooptada por los gobiernos de turno. Más de una vez se sentó en el principal sillón algún dirigente que parecía más un ministro o que simplemente era manejado a control remoto desde la otra vereda de la plaza Independencia. En este informe sólo hay números, muchos de ellos aportados por los mismos organismos de los gobiernos nacional o provincial. Entonces, ¿por qué tanta irritación?
Una vez más es la muestra de la incapacidad que tienen los dirigentes para dialogar. De ese informe -como de muchos que se hacen en distintos lares-, representantes públicos y no tanto podrían trazar un plan, un proyecto cuyo único objetivo podría ser cambiar al menos un punto las estadísticas que tanto duelen a unos y a otros por igual.
Para muestra basta un botón. Nadie aprovechó la información para dialogar. Se buscó destruir a quiénes hicieron el informe y punto. Fue un punto final y no un punto de partida. El oficialismo se sintió agredido en lugar de comprender que en estos casi 40 años de gobierno en algo podrían haber fallado y hasta podrían corregir. La oposición con tibieza expresó su preocupación sin siquiera poder mostrar una salida. Principalmente, porque no la tiene.
La oposición trabaja a destajo en busca de encontrar rápidamente una estructura pero las ambiciones personales –al igual que en el oficialismo- son obstáculos para su crecimiento.
“Perritos” y “ñoquis”
El pronunciamiento político de la sociedad en las urnas, en aquel ya inexistente 2021, ha sido clarísimo. Nadie tiene la mayoría suficiente. El ciudadano les ha cedido el poder a unos y a otros y siguen sin solucionarle los problemas, por lo tanto les ha ordenado con el voto que se sienten a dialogar y a encontrar la salida conjunta. Siguen sin oírlo. Por eso la reacción desmedida y poco inteligente ante un cuadro de números que dicen lo mal que está Tucumán ha sido un claro ejemplo de la incapacidad de los dirigentes.
Algo parecido ha ocurrido estos días pasados cuando la Corte Suprema de Justicia decidió negarle el pedido de transparentar la cantidad de empleados del Poder Legislativo. El planteo que hizo el constitucionalista Luis Iriarte no es nuevo. Es algo que preocupa a un buen sector de la sociedad desde el siglo pasado. El oscurantismo siempre ha sido igual, sólo ha ido cambiando de apodos: “perritos”, “ñoquis”, “gastos de bloque”, “contención social”, “empleados fantasmas”, “contratos”, son algunos de los apelativos con que se ha tratado a seres humanos que a la hora de cobrar salarios se convierten en infrahumanos.
El fallo fue firmado por unanimidad, pero en algo se diferenciaron el vocal Daniel Posse de sus pares Daniel Leiva, Eleonora Rodríguez Campos y Sergio Gandur. Posse, tuvo la preocupación de pensar en esos ciudadanos: “es necesario, a esta altura del desenvolvimiento institucional de la provincia, y en aras de los principios de publicidad, transparencia y participación en la gestión pública, generar un marco normativo provincial adecuado para garantizar en plenitud el derecho de acceso a la información de interés público, con los estándares convencionales en orden a su sistema de restricciones”.
El vocal de la Corte, con esas 57 palabras, desnudó graves problemas en la institucionalidad tucumana. Como los números de la FET, sólo generó reacciones en su contra en lugar de ser atentamente escuchado. En el peronismo celebraron que el fallo hubiera salido por unanimidad. Hasta aplaudieron que el apellido “Gandur” haya puesto la firma en la sentencia ya que es un apellido -su padre- que les trajo más de un dolor de cabeza cuando estuvo en la Corte. Pero, al mismo tiempo no se olvidaron de criticar a Posse por esas 57 palabras. No sólo se acordaron de sus parientes más cercanos, sino también de que fue funcionario en el gobierno de José Alperovich y hubiera podido promover cambios en aquel entonces. Más allá de los elogios y de las críticas, quedó al descubierto cómo en algunas esferas del Poder no pueden ver la independencia de la Justicia. Desnudan la imperiosa necesidad que tienen de sentir que la Justicia se maneja desde otro lado y en desde la independencia de las conciencias y del bien común.
Uno abre, otro cierra
A comienzos de la pandemia, la Provincia, conducida por Juan Manzur, se escondía detrás de las decisiones de la Nación. Esta semana donde todo explotaba y la cantidad de contagios marcaba records, la Nación decidió no comprarse más problemas y dejó en libertad a los gobernadores para que hicieran lo que quisiesen. Osvaldo Jaldo asumió ese costó y empezó a bajar el telón a más de un festejo. Esa postura descolocó a la oposición, que mostró a sus intendentes en actitudes disímiles. Alejandro Molinuevo, el nuevo lord mayor de Concepción (con un centenar y medio de contagios) cerró todo para frenar al asesino invisible. En cambio, Germán Alfaro, de Capital (2.197 contagios) y Mariano Campero, de Yerba Buena (272), dejaron todo como estaba.
Presidente equilibrista
Sin dudas que en la Casa Rosada las preocupaciones no pasan precisamente por la apertura o cierre de actividades ocasionadas por el coronavirus. La incapacidad de la dirigencia para dialogar y encontrar consensos hace que la cuenta regresiva con el FMI sea cada día más dramática.
Estos días empezó a sobrevolar una amenaza que nos retrotrae a los difíciles días de 2002 y 2003: la posibilidad de un nuevo default de la deuda, que con seguridad traería aparejadas nuevas penurias a la sociedad. Puede ser esa la consecuencia del endurecimiento de EEUU, que hegemoniza el FMI al interior del organismo, en relación con el acuerdo que negocia con la Argentina. Según registran los analistas, es un mensaje directo que debe leerse junto con la esquiva actitud del presidente Joe Biden para reunirse con Alberto Fernández.
¿Por qué está molesto el gigante del Norte? Por razones políticas estratégicas que exhiben una diplomacia argentina claramente diferente a la de la gestión anterior. Estados Unidos no termina de asimilar el manejo de Argentina en el G20, cuando con el apoyo ruso, chino y mexicano, y participando de un eje con países africanos y de Medio Oriente, lograron una mayoría que impuso en la declaración final el replanteo de los sobrecargos del FMI a los países que renegocian su deuda. Una clara derrota para EE.UU y sus aliados Japón y Canadá. Para peor, este último apoyó la propuesta argentina de canje de deuda por sus acciones climáticas.
Tampoco es del agrado de Estados Unidos la cercanía entre Fernández y el mexicano Andrés Manuel López Obrador. Este viernes. la Celac se reunió en Buenos Aires y el presidente mexicano (hasta entonces su titular) le transfirió el mando a Alberto Fernández, quien dijo: “Hagamos que América Latina y el Caribe no sean sólo una expresión geográfica, sino también una expresión política, económica y social”. Toda una definición de principios.
La CELAC se gestó por iniciativa de Hugo Chávez, Lula Da Silva y Néstor Kirchner, quien no llegó a verla nacer en Caracas en 2011. Se pergeñó como una OEA sin EE.UU. El advenimiento de Mauricio Macri, las muertes de Hugo Chávez y de Fidel Castro, y la destitución de Dilma Roussef en Brasil frenaron el ímpetu inicial, que hoy vuelve a recrearse con la ausencia del Brasil de Bolsonaro. Las elecciones presidenciales en Brasil y Colombia este año serán cruciales y los sondeos pronostican comportamientos parecidos a los de los chilenos, con posibles nuevos triunfos del centro izquierda.
La vicepresidenta Cristina Fernández siempre soñó con presidir la Celac y asistió con roles preponderantes a su creación. Cualquier distancia que Fernández hubiese tomado del organismo pensado para plantarse frente a EEUU, habría inmediatamente repercutido en la coalición de gobierno.
De nuevo, entonces, a Alberto Fernández no le queda otra opción que transitar por la cuerda floja. Podrá liderar los próximos dos años la región, pero le ocasionará la predisposición negativa del gobierno de Biden, con quien negocia indirectamente la deuda.
Y queda aún un último gesto: El 5 de febrero, Fernández volará a China y como titular de la Celac participará de las celebraciones de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno. Allí se reunirá con Xi Jinping en el marco de una cumbre bilateral especial por los 50 años de relación entre los países, encuentro al que podría sumarse el líder ruso Vladimir Putin. No cuesta mucho imaginar la iracundia del Departamento de Estado de concretarse ese encuentro con los dos principales rivales económicos y políticos de EE.UU.
Argentina añora el “Ok” de los Estados Unidos para concluir cuánto antes la negociación y evitar pagar el vencimiento de 3.000 millones de dólares que comprometió la gestión anterior para marzo de este año. Todo el mundo sabe que el Banco Central carece de reservas para afrontar ese pago y asoma no el fantasma Matías, sino el del default.